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Pamela García Naranjo
Marzo 28, 2007
El Tantra: Erotismo y espiritualidad
por Pamela García Naranjo

 

 

El concepto tantra del sexo nació en la India en tiempos protohistóricos y luego se propagó hacia China y el Tibet, hace miles de años. El primero de los textos documentados pertenecientes a la disciplina del Tantra probablemente data del siglo VI antes de Cristo.

El objetivo primario del Tantra es el lograr la liberación y satisfacción en todos planos de quienes lo practican, es decir en los niveles físico, emocional y espiritual.

El Tantra no es, ni debe ser tomado, como una filosofía ni como una religión, sino como una plataforma básica de conocimientos que se han ido adquieriendo a través de la observación y de la experiencia de muchos años.

El Tantra, para decirlo en pocas palabras, concibe el cuerpo como un templo sagrado, en el que el deseo es entendido como el puente que trasciende lo meramente físico y de esa manera, el sexo pasa a ser una metáfora de la fuente suprema del gozo, a partir de la meditación y el éxtasis espiritual.

La diferencia fundamental entre materia y espíritu reside en que la materia como la conocemos, está sujeta a tiempo y espacio, mientras que el espíritu no tiene esas limitaciones.

Para lograr su objetivo, el Tantra requiere que tiempo y espacio pierdan en algo su imperio sobre nosotros, puesto que se requiere concentrar toda la atención en el ser interno de la pareja y en el propio ser, sin que la forma sea un obstáculo que impida sublimar el sexo.

Para crear una atmósfera propicia, los antiguos orientales solían rodearse de almohadas, velas, incienso, flores y aceites aromáticos lo cual hace que muchos confundan ésto con una ceremonia religiosa; pero ésto, realmente no es estrictamente necesario si previamente al encuentro sexual, se comprende que la actitud necesaria es de búsqueda de la belleza interna de la otra persona para de ahí, pasar a rendirle culto a la Divinidad (cualquier que sea el concepto que de ella se tenga) a través del contacto de dos seres que logran formar, liberados de tiempo y espacio, una comunión verdadera.

Claro, que como sucede en los ritos religiosos, hay muchos quienes necesiten de cosas externas para lograr ésto que pertenece a una esfera mucho más elevada. De ahí que continúen siendo usados todo tipo de objetos para lograr una atmósfera más ad-hoc, cosa que no deja de ser un tanto contradictoria. La verdadera espiritualidad, por sí misma, es algo superior a las cosas materiales...

Curiosamente, aunque el Tantra está asociado en la mente de muchos con lo que podríamos llamar el hiperorgasmo (suena mejor que superorgasmo, pero es lo mismo), el foco de la atención no debe estar dirigido a ello; ésto llegará como lógica consecuencia... o no, porque lo importante es la búsqueda del placer de la otra persona y la actitud personal ante esa búsqueda.

Es decir, debe la pareja liberarse de la obligación del orgasmo.

En la cultura occidental, tan acentuada hacia el "performance" o desempeño sexual, se acostumbra el sexo exigente, donde la mujer exige al varón la erección y éste a su vez, exige en ella la excitación.

En el Tantra esto es irrelevante, como irrelevante es el tiempo que tome el proceso de interiorización entre ambos integrantes de la pareja.

Algunos "expertos" en tantrismo han llegado al colmo de invertir los valores: al predicar que no le demos importancia al tiempo, contradictoriamente exigen que para practicar el Tantra... ¡se dedique al coito un mínimo de dos a tres horas! Dicho con otras palabras, para estos seudoexpertos, el tiempo sigue siendo importante, cuando en realidad no lo es.

¿Cuánto toma a una persona el lograr conectarse con la energía de su pareja y con la suya propia? Como es lógico suponer, nadie puede fijar un período en el tiempo para ésto, ya que siendo esencialmente similares, en realidad somos diferentes e individuales. Y de nuevo, al olvidar y dejar de lado al tiempo, éste se convierte en algo totalmente irrelevante.

Quien logra llevar a buen término una sesión de sexo tantra y fusionarse con su pareja a nivel anímico y espiritual, llega a una mayor capacidad de inspiración, creatividad, impulso vital y una gran profundidad en el conocimiento de sí mismo.

Es sumamente importante no esperar y mucho menos exigir el orgasmo físico tanto en la pareja como en uno mismo. La culminación del Tantra llega con el estado de éxtasis donde el tiempo y el espacio se tornan en algo sin límites, llegándose entonces a lo que llamamos el hiperorgasmo. Cuando se llega a ese trance, la eyaculación del varón se vuelve también algo totalmente secundario.

La diferencia con el orgasmo cómun, que es un evento meramente físico, está en la permanencia de la sensación por horas, pues no estamos hablando de un simple espasmo físico o una reacción electroquímica de las terminales nerviosas, sino de una inefable sensación emocional y espiritual capaz de durar hasta por días.

Como sucede con lo del tiempo que discutimos más arriba, algunos tantristas insisten en que no debe eyacularse, sin percatarse de nuevo en que, al poner tanto énfasis en ello, le acaban por dar la importancia que ellos suponen estarle negando.

En realidad, la sensación verdadera de plenitud espiritual no es de ninguna manera estorbada por el orgasmo físico, así como tampoco precisa del mismo. Es decir: No tiene la menor importancia, como diría Arturo de Córdova.

De todas maneras es importante saber que según urólogos que practican el Tantra, no existe ningún riesgo de daño fisiológico provocado por la retención de la eyaculación del hombre, por lo que se descarta de antemano cualquier trastorno en la próstata o el pene.

La exploración de ambas naturalezas en nosotros, la material y la espiritual, sólo puede conducirnos a una mejor comprensión hacia nosotros mismos y al maravilloso Cosmos del cual formamos parte.

Pamela García Naranjo es swinger orgullosamente mexicana y fundadora de El Blog del Swinger Mexicano.

El Tantra: Erotismo y espiritualidad: el tantra, erotismo

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